¿Cuáles son los frutos de la misión?: el cambio en cadena.
¿Has jugado alguna vez con un cubo de Rubik? ¡Seguro que sí!
En él, basta con girar una de las capas para que se produzca un efecto en cadena que hace cambiar el aspecto de todo el cubo.
Jesús nos enseña que la generosidad y la entrega llevan a ser más felices, y que esa felicidad se contagia y llega lejos, incluso aunque las acciones que hagamos sean pequeñas.
¿Sabes que una pequeña acción de un niño puede cambiar el mundo? El efecto positivo de una pequeña acción nuestra abre el camino a nuevas “pequeñas grandes acciones”, protagonizadas por nosotros mismos y por otros. De este modo, en el fondo, va cambiando poco a poco el mundo, pero partiendo de lo más pequeño y asequible a cada persona.
Justamente así se va contagiando la acción misionera.
Sí, con Jesús, siendo un pequeño misionero/a, tú puedes cambiar el mundo.
REZAMOS TODOS JUNTOS:
Jesús, Tú eres Maestro de bondad. Quieres que tu Buena Noticia se expanda por el mundo entero. Y, sin embargo, para algo tan grande, cuentas con alguien tan pequeño como yo. Ayúdame a darme cuenta de que puedo colaborar en tu misión desde lo que soy, aquí y ahora. Enséñame a ser como Tú y el camino se abrirá.
¡Aquí me tienes Señor!.


Comentaris
Publica un comentari a l'entrada